El es indolente y romántico. Es perfecto.
Anda cabizbajo y con la mirada perdida. Siempre con las manos en los bolsillos, sin pasos firmes, dubitativo.
Lleva el pelo alborotado, descuidado, con el mismo aire despistado que envuelve cada uno de sus gestos.
Se para en la calle y mira las nubes, no esquiva los charcos.
Seguro que escribe versos, pinta, toca el piano. En las noches habla con la Luna y con las estrellas, las llama por su nombre, son sus amigas.
Colecciona palabras, busca sinónimos, las dice en alto si le gusta como suenan, las hace suyas.
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